domingo, 1 de noviembre de 2015

Ser vigilados y Castigados

Todos quienes hemos ido al colegio hemos sentido el poder de la vigilancia, que se expresa en un conjunto de normas, aparatos y personas que ayudana su funcionamiento.
El cambio es evidentemente brusco, pasamos de ser niños, hijos y hermanos, a ser alumnos y compañeros, lo que implica una modificación de nuestros patrones de conducta, ya no podemos ir al baño cuando queramos, ni caminar o pararse cuando nos da la gana, ahora que hemos entrado al colegio debemos seguir sus normas, para poder encajar.

Uno de los peores recuerdos de mi escolaridad, se remonta a las etapas iniciales de mi educación, específicamente el periodo de inserción al colegio, recuerdo que la Parvularia nos prohibió ir al baño en otro horario que no sea el recreo, pero un día yo había tomado mucho líquido y a pesar, de  haber  ido  al  baño durante  el recreo, mientras  estábamos en  clases sentí muchas ganas de volver a ir al  baño, pero ante las continuas advertencias  y retos de  la  profesora, ni siquiera me  atreví  a preguntar y me senté en mi silla tratando de aguantar lo más que mi pequeño cuerpo pudo, sin embargo, no dure mucho tiempo y finalmente me orine, dejando un charco junto a mi silla, aún recuerdo la sensación de miedo a ser descubierta. Esos terribles minutos sentada sintiendo la humedad de mis ropas y sintiendo culpa por no poderme aguantar las ganas de orinar, sabía que  la “Tía” (nombre  coloquial para referirse a las parvularias), me iba a retar. Al pasar un rato, mis  compañeros  comenzaron a darse cuenta del charco de  orina  junto a  mi silla  y finalmente, le  avisaron a la parvularia y ella me preguntó que ¿por qué no le había avisado que quería ir al baño?, pero yo no me atreví a responderle, ya me sentía los suficientemente avergonzada como  para explicarle que solo intentaba seguir las reglas, que  ella continuamente nos repetía.

Este episodio poco afortunado, me hace pensar en el texto “vigilar y castigar” de Foucault, quien plantea  que la inspección jerárquica es  uno de  los  métodos efectivos para  orientar, enderezar y dirigir las mentes, es  decir, opera  como  un regulador de  conducta.
Tal es el peso de la vigilancia, que la arquitectura se modifica según el modelo militar, dando paso a creaciones arquitectónicas que permiten la observación continua de los  demás, por ejemplo el diseño de las puertas medias, que se utilizan actualmente en  baños públicos  tanto de  colegios, como malls, que originalmente fueron ideados para su uso en escuelas militares, para poder observar las cabezas y los pies de quienes están allí  adentro.

De  esta manera solo con el ejemplo de la arquitectura podemos  ver de qué manera este  régimen de vigilancia ha sido capaz de introducirse en casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, alienando a cada uno de los individuos de la sociedad. Fomentando las estructuras piramidales jerarquizadas, donde ciertos miembros de la sociedad tienen la facultad de observar o vigilar a los demás.
Incluso en el colegio, donde hoy en día muchas de las estructuras arquitectónicas se han  adaptado para  responder a las  dinámicas de vigilancia.

Otro de los métodos utilizados para regular la conducta  de los individuos  es  la  sanción normalizadora, que detecta a través de los regímenes de vigilancia a todos aquellos  individuos que no encajan en los presupuestos de  conducta permitidos por la  sociedad y dependiendo del ambiente,  el castigo  puede  ser  de carácter correctivo  o punitivo.
Es aquí donde encaja mi relato sobre mi experiencia de inducción al mundo de la escuela, con sus constantes sistemas de vigilancia y castigo, los que  incorpore rápidamente y de  manera tan literal que llegue a  orinarme  en la  sala   de  clases  con tal  de  cumplir  las  órdenes y no ser castigada o reprendida por  salir de la sala  en un horario no permitido y  la  verdad es que cuento esta  anécdota, porque  sé  que  no  soy la  única  persona  que  se tuvo algún accidente por seguir las órdenes y tratar de encajar en la norma de conducta  aceptada.
Finalmente, en “Vigilar  y castigar”  de Foucault, también se  menciona  el examen  como un mecanismo de inspección de  los saberes, aptitudes y  virtudes de los  hombres, con el   fin de  individualizar  a los  sujetos  y  convertirlos  en  seres  cuantificables  y cualificables.
En este aspecto, podríamos decir que el examen de las escuelas podría  tener  un  fuerte componente pedagógico, sin embargo, el examen también puede llevar a la visibilización de  aquellos individuos que se salen de la norma en un rango de notas aceptadas, cayendo nuevamente  en  las  dinámicas  de  la sanción  normalizadora, pero  creo  que  este  punto debiera  ser  abordado  con más  tiempo  y detenimiento  en  otra  ocasión.

Ahora,  me  gustaría  invitarlos a  que me  cuenten  si  en algún momento de  su experiencia en la  escuela, se han  sentido víctimas  y  parte de los sistemas de  vigilancia jerarquizada;  y a la vez  invitarlos a leer a Foucault* para profundizar  en el  conocimiento de  algunos de  los  términos  abordados en esta  entrada  de  blog.
Saludos  y  hasta  la  próxima.

Referencias:
*Foucault, Michel (2002).  Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión.- 1a, ed.-Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.

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