Todos quienes hemos ido al colegio hemos sentido el poder de la vigilancia, que se expresa en un conjunto de normas, aparatos y personas que ayudana su funcionamiento.
El cambio es evidentemente brusco, pasamos de ser niños, hijos y hermanos, a ser alumnos y compañeros, lo que implica una modificación de nuestros patrones de conducta, ya no podemos ir al baño cuando queramos, ni caminar o pararse cuando nos da la gana, ahora que hemos entrado al colegio debemos seguir sus normas, para poder encajar.
Uno de los peores recuerdos de mi escolaridad, se remonta a las etapas iniciales de mi educación, específicamente el periodo de inserción al colegio, recuerdo que la Parvularia nos prohibió ir al baño en otro horario que no sea el recreo, pero un día yo había tomado mucho líquido y a pesar, de haber ido al baño durante el recreo, mientras estábamos en clases sentí muchas ganas de volver a ir al baño, pero ante las continuas advertencias y retos de la profesora, ni siquiera me atreví a preguntar y me senté en mi silla tratando de aguantar lo más que mi pequeño cuerpo pudo, sin embargo, no dure mucho tiempo y finalmente me orine, dejando un charco junto a mi silla, aún recuerdo la sensación de miedo a ser descubierta. Esos terribles minutos sentada sintiendo la humedad de mis ropas y sintiendo culpa por no poderme aguantar las ganas de orinar, sabía que la “Tía” (nombre coloquial para referirse a las parvularias), me iba a retar. Al pasar un rato, mis compañeros comenzaron a darse cuenta del charco de orina junto a mi silla y finalmente, le avisaron a la parvularia y ella me preguntó que ¿por qué no le había avisado que quería ir al baño?, pero yo no me atreví a responderle, ya me sentía los suficientemente avergonzada como para explicarle que solo intentaba seguir las reglas, que ella continuamente nos repetía.
Este episodio poco afortunado, me hace pensar en el texto “vigilar y castigar” de Foucault, quien plantea que la inspección jerárquica es uno de los métodos efectivos para orientar, enderezar y dirigir las mentes, es decir, opera como un regulador de conducta.
Tal es el peso de la vigilancia, que la arquitectura se modifica según el modelo militar, dando paso a creaciones arquitectónicas que permiten la observación continua de los demás, por ejemplo el diseño de las puertas medias, que se utilizan actualmente en baños públicos tanto de colegios, como malls, que originalmente fueron ideados para su uso en escuelas militares, para poder observar las cabezas y los pies de quienes están allí adentro.
De esta manera solo con el ejemplo de la arquitectura podemos ver de qué manera este régimen de vigilancia ha sido capaz de introducirse en casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, alienando a cada uno de los individuos de la sociedad. Fomentando las estructuras piramidales jerarquizadas, donde ciertos miembros de la sociedad tienen la facultad de observar o vigilar a los demás.
Incluso en el colegio, donde hoy en día muchas de las estructuras arquitectónicas se han adaptado para responder a las dinámicas de vigilancia.
Otro de los métodos utilizados para regular la conducta de los individuos es la sanción normalizadora, que detecta a través de los regímenes de vigilancia a todos aquellos individuos que no encajan en los presupuestos de conducta permitidos por la sociedad y dependiendo del ambiente, el castigo puede ser de carácter correctivo o punitivo.
Es aquí donde encaja mi relato sobre mi experiencia de inducción al mundo de la escuela, con sus constantes sistemas de vigilancia y castigo, los que incorpore rápidamente y de manera tan literal que llegue a orinarme en la sala de clases con tal de cumplir las órdenes y no ser castigada o reprendida por salir de la sala en un horario no permitido y la verdad es que cuento esta anécdota, porque sé que no soy la única persona que se tuvo algún accidente por seguir las órdenes y tratar de encajar en la norma de conducta aceptada.
Finalmente, en “Vigilar y castigar” de Foucault, también se menciona el examen como un mecanismo de inspección de los saberes, aptitudes y virtudes de los hombres, con el fin de individualizar a los sujetos y convertirlos en seres cuantificables y cualificables.
En este aspecto, podríamos decir que el examen de las escuelas podría tener un fuerte componente pedagógico, sin embargo, el examen también puede llevar a la visibilización de aquellos individuos que se salen de la norma en un rango de notas aceptadas, cayendo nuevamente en las dinámicas de la sanción normalizadora, pero creo que este punto debiera ser abordado con más tiempo y detenimiento en otra ocasión.
Ahora, me gustaría invitarlos a que me cuenten si en algún momento de su experiencia en la escuela, se han sentido víctimas y parte de los sistemas de vigilancia jerarquizada; y a la vez invitarlos a leer a Foucault* para profundizar en el conocimiento de algunos de los términos abordados en esta entrada de blog.
Saludos y hasta la próxima.
Referencias:
*Foucault, Michel (2002). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión.- 1a, ed.-Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.
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