Una
de las ideas más relevante, y fascinante, del filósofo francés Michel Foucault
es que la disciplina fabrica individuos. Pero, ¿qué significa que la disciplina
fabrique individuos? ¿Cómo podemos observar está individualidad fabricada
mediante el ejemplo del comportamiento de los sujetos dentro de un recinto
escolar? Son éstas preguntas las que intentaremos responder en la entrada de
este Blog.
Comencemos
con una frase del pensador francés extraída del famoso texto Vigilar y Castigar*:
“La disciplina fabrica […] cuerpos
sometidos y ejercitados” (2002: p. 126)
De esta frase podemos concluir que
el “tipo” de individuos que la disciplina fabrica es de individuos sometidos y
ejercitados. Para ser sometidos se requiere que se ejerza un poder sobre este sujeto y
para ser ejercitados se necesita que se practique ciertas técnicas para modelar
nuestra conducta. Al fin y al cabo, esto es lo significa a grandes rasgos
fabricar individuos: modelar sus conductas o en palabras de Foucault “encauzar”
la conducta.
El encauzamiento de nuestra conducta
a través de la práctica disciplinaria produce que nuestras aptitudes sean
formadas para ser objetos del ejercicio de poder. Esto significa, en nuestras
palabras, que la interioridad de los sujetos se configure de una manera tal,
que nuestra subjetividad responda al sistema disciplinario ajustándose a sus
requerimientos.
Para Foucault existen tipos de
tecnologías de poder que encauzan nuestra conducta (la vigilancia jerárquica;
la sanción normalizadora y el examen). Estas tecnologías actúan de manera sutil
desenvolviéndose de manera cautelosa en los cuerpos de los individuos a los que
los incitan a responder al recinto disciplinario de una manera casi
inadvertida. Estás tácticas controlan nuestras aptitudes, nuestras identidades
y nuestras actividades.
En este sentido, podemos observar
como esta individualidad fabricada repercute directamente en el recinto escolar
mediante la táctica del examen. El examen es el mejor ejemplo. Bajo esta teoría
que hemos rápidamente resumido, el examen es un dispositivo que vigila y
sanciona. Normaliza, clasifica y califica. Por medio del examen se controla
particularmente al individuo y se califica su capacidad de responder al
sistema. La sanción que está asociada al examen produce normalización entre los
individuos y castiga a los que se salen de la recta homogénea. Este castigo
muchas veces está asociado a reproches morales y reprimendas que valorizan
negativamente a los individuos.
Precisamente, en el colegio ese es
un talón de Aquiles: la individualidad sujeta a la disciplina por miedo al
castigo y al reproche. Concretamente, este medio al castigo y al reproche que
se relacionaba con el resultado de las calificaciones en los exámenes
escolares. Estar sujeta a las notas para obtener aprobación en mis actos. La
interiorización de las reglas y a las normas. Esto me recuerda al superyó de Freud en el sentido que cuando
uno está en el colegio tiene una conciencia moral interioriza el encauzamiento
y nos capacita para tener una crítica contante internalizada acompañada con un
auto-reproche sino cumplía con las reglas.
Otro ejemplo, es cuando algún
compañero o compañera constantemente obtenía buenos resultados en los exámenes,
era constante centro de aprobación por el recinto escolar. No así las personas
que no tenía buenas calificaciones. Por eso, al fin y al cabo, las
calificaciones son modos de vivenciar la escuela. Tal cómo te va en los
exámenes, te irá en la escuela en términos de valoración.
Pero lo más terrible, es cuando el cuerpo automáticamente reacciona ante los estímulos que habitan en la Escuela: El timbre, la entrada de una autoridad a la sala, la posición y disposición corporal en la sala de clases. Suena el timbre y tu cuerpo ya está arreglando las cosas para irse a recreo. Condicionamiento.
¿Cómo escapar del disciplinamiento?
Algunos interiorizamos las normas y otros las desafían y logran
reivindicar su propia individualidad en el acto desafiante. Por mi parte, al
parecer, me fue más cómodo acatar las normas para no ser juzgada y poder vivir
tranquila. Aunque surge la interrogante si es que estuvo bien utilizar un
método que de alguna manera admite la fuerza negativa de la disciplina, ¿qué
opinas tú?
*Foucault, Michel (2002). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión.-
1a, ed.-Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.

