jueves, 29 de octubre de 2015

Mi cuerpo sujeto a tu disciplina


Una de las ideas más relevante, y fascinante, del filósofo francés Michel Foucault es que la disciplina fabrica individuos. Pero, ¿qué significa que la disciplina fabrique individuos? ¿Cómo podemos observar está individualidad fabricada mediante el ejemplo del comportamiento de los sujetos dentro de un recinto escolar? Son éstas preguntas las que intentaremos responder en la entrada de este Blog.

Comencemos con una frase del pensador francés extraída del famoso texto Vigilar y Castigar*:
“La disciplina fabrica […] cuerpos sometidos y ejercitados” (2002: p. 126)

De esta frase podemos concluir que el “tipo” de individuos que la disciplina fabrica es de individuos sometidos y ejercitados. Para ser sometidos se requiere  que se ejerza un poder sobre este sujeto y para ser ejercitados se necesita que se practique ciertas técnicas para modelar nuestra conducta. Al fin y al cabo, esto es lo significa a grandes rasgos fabricar individuos: modelar sus conductas o en palabras de Foucault “encauzar” la conducta.

El encauzamiento de nuestra conducta a través de la práctica disciplinaria produce que nuestras aptitudes sean formadas para ser objetos del ejercicio de poder. Esto significa, en nuestras palabras, que la interioridad de los sujetos se configure de una manera tal, que nuestra subjetividad responda al sistema disciplinario ajustándose a sus requerimientos.
Para Foucault existen tipos de tecnologías de poder que encauzan nuestra conducta (la vigilancia jerárquica; la sanción normalizadora y el examen). Estas tecnologías actúan de manera sutil desenvolviéndose de manera cautelosa en los cuerpos de los individuos a los que los incitan a responder al recinto disciplinario de una manera casi inadvertida. Estás tácticas controlan nuestras aptitudes, nuestras identidades y nuestras actividades.

En este sentido, podemos observar como esta individualidad fabricada repercute directamente en el recinto escolar mediante la táctica del examen. El examen es el mejor ejemplo. Bajo esta teoría que hemos rápidamente resumido, el examen es un dispositivo que vigila y sanciona. Normaliza, clasifica y califica. Por medio del examen se controla particularmente al individuo y se califica su capacidad de responder al sistema. La sanción que está asociada al examen produce normalización entre los individuos y castiga a los que se salen de la recta homogénea. Este castigo muchas veces está asociado a reproches morales y reprimendas que valorizan negativamente a los individuos.

Precisamente, en el colegio ese es un talón de Aquiles: la individualidad sujeta a la disciplina por miedo al castigo y al reproche. Concretamente, este medio al castigo y al reproche que se relacionaba con el resultado de las calificaciones en los exámenes escolares. Estar sujeta a las notas para obtener aprobación en mis actos. La interiorización de las reglas y a las normas. Esto me recuerda al superyó de Freud en el sentido que cuando uno está en el colegio tiene una conciencia moral interioriza el encauzamiento y nos capacita para tener una crítica contante internalizada acompañada con un auto-reproche sino cumplía con las reglas.

Otro ejemplo, es cuando algún compañero o compañera constantemente obtenía buenos resultados en los exámenes, era constante centro de aprobación por el recinto escolar. No así las personas que no tenía buenas calificaciones. Por eso, al fin y al cabo, las calificaciones son modos de vivenciar la escuela. Tal cómo te va en los exámenes, te irá en la escuela en términos de valoración.

Pero lo más terrible, es cuando el cuerpo automáticamente reacciona ante los estímulos que habitan en la Escuela: El timbre, la entrada de una autoridad a la sala, la posición  y disposición corporal en la sala de clases. Suena el timbre y tu cuerpo ya está arreglando las cosas para irse a recreo. Condicionamiento. 

¿Cómo escapar del disciplinamiento?

Algunos interiorizamos las normas y otros las desafían y logran reivindicar su propia individualidad en el acto desafiante. Por mi parte, al parecer, me fue más cómodo acatar las normas para no ser juzgada y poder vivir tranquila. Aunque surge la interrogante si es que estuvo bien utilizar un método que de alguna manera admite la fuerza negativa de la disciplina, ¿qué opinas tú?




*Foucault, Michel (2002).  Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión.- 1a, ed.-Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.





No hay comentarios:

Publicar un comentario