domingo, 1 de noviembre de 2015

La visibilidad del sujeto no siempre es algo positivo


            A riesgo de ser criticada por el título, explicaré a qué me refiero para que no se malentienda la idea. Ciertamente el no volver invisible a las personas, en general, es la forma de integrar y desarrollar la comunicación dentro de una comunidad. Al mismo tiempo, esto permite poder apreciar y aceptar las distintas particularidades que cada individuo posee, clave fundamental para la convivencia. Pero, ¿qué ocurre cuando las personas se visibilizan para otros objetivos, totalmente contrarios a los ya mencionados?
            Tomando en cuenta lo establecido por Michel Foucault en su texto “Vigilar y Castigar”, la acción de hacer visible a los individuos se concibe como una forma de controlar y vigilar sus acciones e, incluso, corregir aquellas acciones que se consideran fuera de una norma que pretende homogeneizar al grupo.
Personalmente hablando, el tema de ser visible me acomplejaba. A lo mejor no era consciente, pero temía mucho esto, posiblemente, por las mismas razones. En ambas enseñanzas, básica y media, me sentía vigilada por pares y superiores– algo que Foucault llama “vigilancia jerárquica”-, ya que esto traía repercusiones positivas, como las felicitaciones, y negativas, como castigos y humillaciones – referido como “sanción normalizadora” en las palabras del mencionado autor-. Esto no sólo afectaba mi imagen o mis notas, sino que también en la propia relación con mi familia. Ellos priorizaban sobremanera la nota que obtenía, principalmente porque querían que yo “fuera lo que ellos no pudieron ser”. En la práctica, tanto padres como docentes me veían como una “nota”, algo que sólo valía por los puntos obtenidos, no por lo que pudiera cuestionar o saber, más allá de lo educacional.
En este sentido, ambas partes priorizaban un tercer elemento, factor principal para el funcionamiento de las escuelas: el examen. En palabras de Foucault, estos controlan a grupos de personas, y conciben a los mismos como seres analizables, cognoscibles, visibles¸ entes simplificados y reducidos a datos y cualidades tanto dentro como fuera de la “norma”. De ahí la premisa del título.
            Siguiendo con la experiencia anterior, esta percepción de mí misma no sólo debía ser mantenida en mi familia, sino que también en los propios profesores quienes, dependiendo de la asignatura, tenían una buena o mala relación, sólo por el hecho de tener resultados positivos o negativos con ellos. Esto es uno de los elementos más desfavorables en cuanto a educación se trata, ya que la consideración hacia mí o hacia mis compañeros dependía sola y exclusivamente de una nota, que les hacían saber si éramos “buenos” o “malos”.
Ahora, ¿cómo esto termina disciplinando a los individuos? Desafortunadamente, no pude percibir esto sino hasta fuera del sistema, y aun si lo hubiera hecho, no habría podido cambiar algo. Para los profesores, mi único deber era ser buena estudiante, con carácter sumiso, que no cuestionara nada de lo que ellos proponían o enseñaran.
            ¿Quedaron vestigios de este sistema en mí, después de casi 7 años estando fuera de ella? Por supuesto, refiriéndome al texto, los medios del buen encauzamiento tuvieron un gran impacto en mí. Usualmente intento responder académicamente como si estuviera en el colegio, precisamente por la misma razón: el temor a ser humillada o mirada en menos por mis notas. La diferencia está en que, de todo lo que hago para evitar esto, gran parte lo realizo por motivación personal, por mi avidez de conocimiento, dejando el punto anteriormente mencionado en un segundo plano, aunque aún presente.
            Aun así, hubo costumbres que eliminé o que dejé de considerar como relevantes, y que en la enseñanza media consideraba como tales. Una de ellas es el sentido de la puntualidad, y es algo que me ha afectado a la hora de readaptarme al sistema educativo en la práctica. Y si bien tuve que adaptarme, hay algo que tengo en claro y es que, aunque me adapte a esto, tengo mis opiniones acerca de esto, y son totalmente opuestos de lo que el sistema me propone. En otras palabras, estoy consciente de cómo esto funciona, y tengo el discernimiento para decidir lo que hago o dejo de hacer.
            Para concluir, una de las costumbres con las que aún tengo conflictos es con la idea de juzgar a mis pares o alumnos en base a lo que esta “dentro” o “fuera” de la norma. Los elementos individuales de cada persona deberían ser considerados, personalmente hablando, pero también asumir que tratar con ellos en un universo de 30 a 40 estudiantes resulta un tanto complicado – esto tomándolo desde la perspectiva del profesor-. ¿De qué forma uno podría visibilizar al estudiante, sin hacerlo sentir alienado de un grupo que está homogeneizado?

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